EOLO. Un relato bélico

EOLO

Se llamaba Eolo.

Cuando, de niño, sus compañeros de la escuela le preguntaban por su arcaico nombre, él contestaba “Me llamo Eolo, como el antiguo Señor de los Vientos”. En efecto, la madre de Eolo, viuda casi desde el nacimiento de su hijo, le había puesto ese nombre al enterarse de que el barco de su marido, un curtido marinero que se adentraba demasiado en el Mediterráneo en busca de la mejor pesca, había desaparecido sin dejar rastro. Hay quien dice que nunca perdió la esperanza de que su marido volviese, pero ella le contaba a su hijo mitos sobre antiguos héroes de su tierra que, teniendo el favor de aquel Dios del Viento que se suponía asentado en una isla perdida del Egeo, volvían siempre a casa, sanos y salvos. “Recuerda el nombre de los anemoi, y ellos te traerán siempre a casa”, le decía sentada en el borde de la cama. Y así, Eolo, cada noche al cerrar los ojos, repetía en su cabeza una y otra vez los nombres de los vientos cardinales “Boreas y Noto, Euro y Céfiro…”, una y otra vez, hasta caer dormido.

Pero de eso hacía ya tiempo. Quizá demasiado. Ya no había preguntas de niños, ni listas repetidas una y otra vez para entrar en el mundo onírico. En ese momento, los vientos seguían existiendo, pero en lugar de traer promesas incumplidas de marineros ahogados en alta mar, traían los hedores metálicos de la pólvora y la sangre. Traían otras lenguas del norte, bárbaras, diferentes de la de sus antepasados. Y traían aviones de acero que vomitaban plomo y muerte. Aviones marcados con el negro y el rojo, con cruces de hierro y esvásticas que auguraban nuevos y terribles significados.

Hacía cuatro días que los Aliados se habían atrincherado en el paso de Las Termópilas, esa estrecha garganta que otrora permitiera a trescientos espartanos al mando del rey Leónidas, hacer frente a las tropas invasoras persas a las órdenes de su propio Dios-Emperador, Xerxes. Pero los tiempos heroicos eran material de mitos y leyendas, Leónidas ya no estaba para guiarlos a una muerte heroica, y el cielo y sus horrores, caían sobre los suyos como el rayo y el trueno de un Zeus enloquecido. Por lo que al día siguiente, habiendo contenido a los alemanes durante todo un día, tanto los griegos como los aliados que los apoyaban -británicos, australianos y neozelandeses- se retiraron hasta Tebas, la ciudad de las siete puertas.

Aun así, Eolo estaba orgulloso de su pueblo. Los griegos habían rechazado el envite de los italianos durante un año, y desde hacía una semana hacían frente al salvajismo de los búlgaros que habían entrado por el noreste del país, a la zaga de la Wehrmacht. Pero los nazis eran algo muy diferente. En menos de un mes habían conquistado prácticamente el país, entrando por el norte el 6 de abril. El avance alemán había sido imparable a pesar de la fuerte oposición griega y aliada en puntos como la línea de Metaxas, el sitio del monte Olimpo y Las Termópilas. El día anterior, los Stuka habían cruzado los cielos del istmo de Corinto, bombardeando el lugar, para más tarde soltar una lluvia de paracaidistas armados hasta los dientes.

Ahora, Eolo oía las tropas motorizadas, la infantería y los temibles Panzer rugiendo mientras entraban en su preciosa Atenas. La noche anterior, cuando ya sabía que la caída era inevitable, no durmió, sino que escuchó el mensaje emitido por Radio Atenas y, de todas las palabras de fuerza que pronunciaron, a Eolo se le quedó grabado una frase, “Escucháis la voz de Grecia”.

Y ahí, arrodillado, con la vista fija en la bandera blanquiazul que se arriaba para ser sustituida por esa bandera de campo rojo adornada con una cruz gamada, inspiró y cerró los ojos. Recordó las palabras de su madre y las repitió para sí mismo. “Boreas y Noto, Euro y Céfiro”. Una sola vez. Antes de que una bala le atravesara la nuca, sintió el viento en sus oídos. Y escuchó la voz de Grecia. Estaba en casa.

 

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Relato para el concurso “Relatos de viento”, de Zenda.

“INSEMINADAS”, un relato ci-fi de terror (R-rated)

No recuerdo para qué antología escribí esto. Lo que importa es que ese libro no llegó nunca a ver la luz, así que el relato se quedó en una carpeta de Google Drive cogiendo polvo virtual.

En cuanto al relato, me pidieron una historia donde se viera la relación entre alienígenas y la humanidad, en cualquier contexto. Yo elegí un futuro desolador y oscuro, con una lectura no apta para todos los públicos. Espero que lo disfrutéis y me deis vuestra opinión:

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“El Caballero de la Muerte”, ganador del concurso de relatos FNAC / World of Warcraft

Hace bastantes años -allá por el 2008- me presenté a un pequeño concurso de relatos inspirado en World of Warcraft, y organizado por FNAC. Gané, pero la verdad es que ni se molestaron en colgarlo en una web, en un post, ni en hacer una mísera mención. Así que tras encontrarlo perdido entre mis papeles, aunque es un poco más largo de lo que suelo colgar, he decidido compartirlo con vosotros. Por favor, no seáis muy duros conmigo, que de esto hace ya más de 9 años…

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