Zephir

Cuando las luces se apagaron, supo que el momento había llegado. Un solo foco iluminó el escenario vacío, y el maestro de ceremonia anunció a viva voz, el nombre de la próxima estrella: “Zephir”. Las primeras notas dieron rápidamente paso a la melodiosa, aunque un poco ajada, voz del británico Robbie Williams cantando “Supreme”, ese tema del disco Sing When You’re Winning con el que homenajeaba a la gran Gloria Gaynor. Esos pensamientos de melómano emperdenido desaparecieron cuando, a la altura de la primera parte tocada con instrumentos de cuerda, Zephir hizo acto de presencia. Su larga cabellera color añil hacía justicia a su nombre artístico, como la brillante sombra de ojos y el lápiz de labios, que brillaban con el azul eléctrico de un sueño Disco. Sus tacones se movían frenéticamente por la pista, marcando los pasos de baile que un ángel bien podría haberle enseñado. El vestidito plateado de lentejuelas era la armadura con la que marchaba a la batalla y, por lo que veía, estaba saliendo victoriosa. Brillaba, más allá del sudor que perlaba su piel, con luz propia. Estaba dejando ahí su corazón, su alma, sus entrañas…

La música cesó. El silencio fue roto por un estruendoso aplauso.

Y él solo pudo sentir orgullo. Un inmenso orgullo por su hijo.


Relato realizado para el concurso “Historias con Orgullo” de Zenda e Iberdrola.

“El Último Aullido”, microrrelato sobre la licantropía

Siento mucho no haber escrito nada los últimos días. El trabajo me podía, además me ofrecía voluntario para narrar una partida de rol de Aquelarre, “Damnant Foraminis”, escrita de manera soberbia por José Lomo, para celebrar la edición de”Retorno a Rincón”, publicación que a su vez rinde tributo a un módulo de Aquelarre publicado hace hoy 20 años: “Rincón”. Así que entre una cosa y otra, preparar la partida, y asistir a un par de eventillos… bueno, que no tengo excusa.

Para compensarlo, este relato lo escribí mucho después de que ocurriera, pero está dedicado a la muerte de mi perra. Se llamaba Xena (como la “Princesa Guerrera”), era una hembra de Alaskan Malamute, y murió a una buena edad:

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“SOLEDAD”, microrrelato finalista del VII Certamen Literario Canyada D’Art

Canyada_Dart2016Hace días que no publico nada.

El viaje a Barcelona, asistir a las KBOOM, entrevistar a Linda y Stjepan Sejic… han hecho mella en la regularidad que me estaba auto-imponiendo. Pero vamos a remediarlo con un microrrelato de ciencia-ficción muy breve que fue finalista del VII Certamen Literario Canyada D’Art (2017), y que fue incluido en la antología pertinente.

Espero que os guste:

SOLEDAD

Las piedras se deshacían bajo sus pies como terrones de azúcar. Sus pasos murmuraban como los recuerdos de la última guerra. Ante él se alzaban, erosionados, los vestigios olvidados del cenit de la civilización. Los edificios derruidos. Las calles agrietadas. Las farolas ciegas.

El viento había sido la única conversación que lo había alejado de la locura del silencio durante los últimos ¿meses, años? Ni sonrisas, ni voces… ni siquiera la suya. Se resistía a esa inabarcable soledad.

Su melancolía fue interrumpida por el chapoteo de su bota sobre un charco de agua sucia. Miró, y el pequeño abismo le devolvió el reflejo: No era el último hombre. Ni siquiera un hombre. Era el último robot de la tierra.

[Nota: Imagen de la antología de animación Animatrix]

CASTLE: “La audiencia ha escrito un crimen”

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Portada del libro (2016).

El año pasado, AXN convocó un concurso de relatos (muy) cortos para el próximo libro de la colección inspirada en la serie de televisión CASTLE -protagonizada por uno de los actores que más gracia me hacen: Nathan Fillion– para que esta vez fueran los fans de la serie los que escribieran. El resultado de aquello fue un libro con los 300 mejores relatos, coeditado por AXN y Círculo Rojo. Es de esas tonterías que no sirven para mucho, pero que te hacen ilusión por alguna razón sin importancia. La mía es que por muy simplona que fuera la serie, me encantaba. ¿Qué voy a hacerle? Tengo debilidad por los personajes escritores. Para vuestro disfrute, he aquí el relato. Disfrutadlo si podéis… e intentad imaginaros a Richard Castle narrándolo con su voz:

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“Doce años”, un microrrelato bucólico porque sí

Mi buen amigo, el dibujante de cómics Sergio Bleda (por cierto, acaba de sacar nuevo libro), me dio un consejo referente al blog: “Cuelga contenido exclusivo”. Por eso hoy voy a compartir con todos vosotros un brevísimo texto inédito que escribí hace un par de semanas:

El sol entraba por la ventana donde estaba sentada, con los pies colgando y las manos apoyadas en el borde. Su silueta, perfectamente recortada por el contraluz, apenas se movía y, si acaso, eran su dos coletas las que se mecían al son de la suave brisa de la primavera. Sus pies, en cambio, se alternaban adelante y atrás, muy despacio. Calzados solo por unos calcetines -uno de cada color-, representaban el final de unas delgadas piernas, muy blancas, que asomaban por el corto vestidito de verano bajo cuya oscuridad no se adivinada ni ropa interior, ni más piel. Aunque parecía relajada, los brazos, destapados desde el hombro, se mostraban rígidos, rematados en manos de dedos nerviosos. El rostro, oculto tras un flequillo demasiado largo y demasiado rubio, no dio señales de vida hasta que, en el tiempo que un rayo de luz llega a nosotros, su ojos -una amalgama del color del whisky que jamás habría probado, y el mar embravecido de donde habría surgido- se encontraron con los míos. Y su boca se transformó, primero en una sonrisa, luego en un mordisco suave de su labio inferior. Su rosado y brillante labio de apenas doce años.

PD: El texto está inspirado en una foto de mi novia que nunca había visto, y que me enseñó hace muy poco. Fue una especie de regalo. Espero que os guste.