¡Nuevo libro! “Las PIN UPS de J.C. Quesada”

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Portada del Artbook

Durante el próximo Cinefan Festival de Úbeda, se presentará una obra muy especial en la que he tenido el honor de formar parte. El libro en cuestión es un artbook que recopila Pin-Ups realizadas por J.C. Quesada para exposiciones, portadas y demás publicaciones, tanto en España como en EEUU. El artbook, publicado por Apache Libros, es además una antología de microrrelatos escritos por mí. Una antología en la que cada relato erótico acompaña a cada una de las sensuales y modernas pin-ups de Quesada: homenajes a franquicias como Star Wars, Star Trek, Dungeons&Dragons, o a figuras como Amanda Palmer, Edgar Allan Poe, David Bowie o Carrie Fisher, entre otros.

La primera presentación oficial tendrá lugar el 22 de julio, a las 10:30h., en el Antiguo Hospital De Santiago, en Úbeda.

Habrá charla, firmas y quizá dibujaros guarros 😉

Mientras, os dejo el texto que escribí para las solapas, dedicado al artista y artífice principal de este libro:

“En las décadas de los 40 y los 50, las pin ups se convirtieron por méritos propios, en las nuevas Musas de la Era Contemporánea. Belleza, valentía, erotismo, fuerza… se daban la mano en cuerpos, rostros y escenarios con vertidos en símbolo de la inspiración.

Hoy, Quesada nos presenta esos mismos dones representados en nuevas pin ups; chicas salidas del un nuevo imaginario, de nuevas mitologías, de nuevas fantasías. Así, desde la space opera de Star Wars hasta la ciencia ficción de Star Trek, pasando por la nostalgia de Dragones y Mazmorras, la música de David Bowie, e incluso la chica de la puerta de enfrente… podemos revivir en sus ilustraciones la magia de la sensualidad desbordante de esas chicas dibujadas que, sin que lo podamos evitar, nos calan hondo. Demasiado hondo.”

PD: Si estáis interesados en adquirir uno firmado y dedicado, podéis poneros en contacto conmigo 🙂

Nota: La cabecera es un fragmento del retrato que me hizo J.C. Quesada para ilustrar mi biografía en su libro. Podéis ver la imagen completa en la Galería.

Zephir

Cuando las luces se apagaron, supo que el momento había llegado. Un solo foco iluminó el escenario vacío, y el maestro de ceremonia anunció a viva voz, el nombre de la próxima estrella: “Zephir”. Las primeras notas dieron rápidamente paso a la melodiosa, aunque un poco ajada, voz del británico Robbie Williams cantando “Supreme”, ese tema del disco Sing When You’re Winning con el que homenajeaba a la gran Gloria Gaynor. Esos pensamientos de melómano emperdenido desaparecieron cuando, a la altura de la primera parte tocada con instrumentos de cuerda, Zephir hizo acto de presencia. Su larga cabellera color añil hacía justicia a su nombre artístico, como la brillante sombra de ojos y el lápiz de labios, que brillaban con el azul eléctrico de un sueño Disco. Sus tacones se movían frenéticamente por la pista, marcando los pasos de baile que un ángel bien podría haberle enseñado. El vestidito plateado de lentejuelas era la armadura con la que marchaba a la batalla y, por lo que veía, estaba saliendo victoriosa. Brillaba, más allá del sudor que perlaba su piel, con luz propia. Estaba dejando ahí su corazón, su alma, sus entrañas…

La música cesó. El silencio fue roto por un estruendoso aplauso.

Y él solo pudo sentir orgullo. Un inmenso orgullo por su hijo.


Relato realizado para el concurso “Historias con Orgullo” de Zenda e Iberdrola.

10 cómics de temática LGBT (y otras siglas)

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Actual bandera LGBT

Ha llegado el 28 de junio, día mundial del orgullo LGBT, LGBTI, LGBTIQ… y varias versiones con más siglas que no controlo. Además este año 2017, la capital del World Pride es Madrid. Pero, ¿por qué hoy? El 28 de junio de 1969 tuvieron lugar los llamados Disturbios de Stonewall, una serie de manifestaciones en protesta contra la redada policial al pub Stonewall Inn, en el barrio de Greenwich Village, en la ciudad de Nueva York. Está considerado el primer levantamiento de la comunidad gay por su visibilidad y ha dado como resultado que se celebre en todo el mundo como motivo del orgullo.

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Sevilla: NOWPUNK capítulo 1 (en La Giralkilla #9)

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La Giralkilla número 9 (Julio, 2017), por Desirée Acevedo

Vuelven las aventuras del detective privado Uriel de los Reyes en la nueva entrega de Sevilla: NOWPUNK, la novela por entregas que estoy publicando en el número 9 de la revista cultural gratuita y sevillana La Giralkilla. Si el número anterior teníais el Prólogo, este mes podéis disfrutar del capítulo 1, donde cada palabra de su clienta, sume a nuestro investigador más y más hondo en el total desconcierto. Noches calurosas, olor a incienso, bares donde no ponen Cruzcampo…

En definitiva, todo lo que podríamos llamar “La otra Sevilla”, está esperándonos a la vuelta de la página.

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“Iniciativa’77: ¡Vuela, pajarito, vuela!”, mini-cómic digital y gratuito

Iniciativa’77 fue el germen de un universo superheroico que creé en forma de webcomic para la revista que yo mismo dirigí durante 7 largos años, y que espero continuar algún día en el formato/medio que sea. Los primeros diseños fueron del primer dibujante de 1900, Nacho Tenorio. El dibujo al principio corrió a cargo de otro joven dibujante sevillano que además había sido alumno mío José M. Polo, y luego tuvo continuación por parte de otro dibujante sevillano y, casualidades de la vida, compañero de clase de Tenorio: José G. Padilla. El universo, en mis guiones inéditos, se extendía por varias épocas.

“¡Vuela, pajarito, vuela!” fue un cortísimo spin-off donde volvíamos a ver a dos de los protagonistas de Iniciativa’77 unos cuantos años más tarde. Escrito obviamente por mí, y dibujado por Padilla, el mini-cómic contó con un impresionante prólogo de Nacho Tenorio. Espero que os guste:

 

[Nota: La cabecera pertenece al prog15 del webcómic Iniciativa’77, dibujada por Jose G. Padilla]

EOLO. Un relato bélico

EOLO

Se llamaba Eolo.

Cuando, de niño, sus compañeros de la escuela le preguntaban por su arcaico nombre, él contestaba “Me llamo Eolo, como el antiguo Señor de los Vientos”. En efecto, la madre de Eolo, viuda casi desde el nacimiento de su hijo, le había puesto ese nombre al enterarse de que el barco de su marido, un curtido marinero que se adentraba demasiado en el Mediterráneo en busca de la mejor pesca, había desaparecido sin dejar rastro. Hay quien dice que nunca perdió la esperanza de que su marido volviese, pero ella le contaba a su hijo mitos sobre antiguos héroes de su tierra que, teniendo el favor de aquel Dios del Viento que se suponía asentado en una isla perdida del Egeo, volvían siempre a casa, sanos y salvos. “Recuerda el nombre de los anemoi, y ellos te traerán siempre a casa”, le decía sentada en el borde de la cama. Y así, Eolo, cada noche al cerrar los ojos, repetía en su cabeza una y otra vez los nombres de los vientos cardinales “Boreas y Noto, Euro y Céfiro…”, una y otra vez, hasta caer dormido.

Pero de eso hacía ya tiempo. Quizá demasiado. Ya no había preguntas de niños, ni listas repetidas una y otra vez para entrar en el mundo onírico. En ese momento, los vientos seguían existiendo, pero en lugar de traer promesas incumplidas de marineros ahogados en alta mar, traían los hedores metálicos de la pólvora y la sangre. Traían otras lenguas del norte, bárbaras, diferentes de la de sus antepasados. Y traían aviones de acero que vomitaban plomo y muerte. Aviones marcados con el negro y el rojo, con cruces de hierro y esvásticas que auguraban nuevos y terribles significados.

Hacía cuatro días que los Aliados se habían atrincherado en el paso de Las Termópilas, esa estrecha garganta que otrora permitiera a trescientos espartanos al mando del rey Leónidas, hacer frente a las tropas invasoras persas a las órdenes de su propio Dios-Emperador, Xerxes. Pero los tiempos heroicos eran material de mitos y leyendas, Leónidas ya no estaba para guiarlos a una muerte heroica, y el cielo y sus horrores, caían sobre los suyos como el rayo y el trueno de un Zeus enloquecido. Por lo que al día siguiente, habiendo contenido a los alemanes durante todo un día, tanto los griegos como los aliados que los apoyaban -británicos, australianos y neozelandeses- se retiraron hasta Tebas, la ciudad de las siete puertas.

Aun así, Eolo estaba orgulloso de su pueblo. Los griegos habían rechazado el envite de los italianos durante un año, y desde hacía una semana hacían frente al salvajismo de los búlgaros que habían entrado por el noreste del país, a la zaga de la Wehrmacht. Pero los nazis eran algo muy diferente. En menos de un mes habían conquistado prácticamente el país, entrando por el norte el 6 de abril. El avance alemán había sido imparable a pesar de la fuerte oposición griega y aliada en puntos como la línea de Metaxas, el sitio del monte Olimpo y Las Termópilas. El día anterior, los Stuka habían cruzado los cielos del istmo de Corinto, bombardeando el lugar, para más tarde soltar una lluvia de paracaidistas armados hasta los dientes.

Ahora, Eolo oía las tropas motorizadas, la infantería y los temibles Panzer rugiendo mientras entraban en su preciosa Atenas. La noche anterior, cuando ya sabía que la caída era inevitable, no durmió, sino que escuchó el mensaje emitido por Radio Atenas y, de todas las palabras de fuerza que pronunciaron, a Eolo se le quedó grabado una frase, “Escucháis la voz de Grecia”.

Y ahí, arrodillado, con la vista fija en la bandera blanquiazul que se arriaba para ser sustituida por esa bandera de campo rojo adornada con una cruz gamada, inspiró y cerró los ojos. Recordó las palabras de su madre y las repitió para sí mismo. “Boreas y Noto, Euro y Céfiro”. Una sola vez. Antes de que una bala le atravesara la nuca, sintió el viento en sus oídos. Y escuchó la voz de Grecia. Estaba en casa.

 

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Relato para el concurso “Relatos de viento”, de Zenda.