Zephir

Cuando las luces se apagaron, supo que el momento había llegado. Un solo foco iluminó el escenario vacío, y el maestro de ceremonia anunció a viva voz, el nombre de la próxima estrella: “Zephir”. Las primeras notas dieron rápidamente paso a la melodiosa, aunque un poco ajada, voz del británico Robbie Williams cantando “Supreme”, ese tema del disco Sing When You’re Winning con el que homenajeaba a la gran Gloria Gaynor. Esos pensamientos de melómano emperdenido desaparecieron cuando, a la altura de la primera parte tocada con instrumentos de cuerda, Zephir hizo acto de presencia. Su larga cabellera color añil hacía justicia a su nombre artístico, como la brillante sombra de ojos y el lápiz de labios, que brillaban con el azul eléctrico de un sueño Disco. Sus tacones se movían frenéticamente por la pista, marcando los pasos de baile que un ángel bien podría haberle enseñado. El vestidito plateado de lentejuelas era la armadura con la que marchaba a la batalla y, por lo que veía, estaba saliendo victoriosa. Brillaba, más allá del sudor que perlaba su piel, con luz propia. Estaba dejando ahí su corazón, su alma, sus entrañas…

La música cesó. El silencio fue roto por un estruendoso aplauso.

Y él solo pudo sentir orgullo. Un inmenso orgullo por su hijo.


Relato realizado para el concurso “Historias con Orgullo” de Zenda e Iberdrola.

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